Huellas y cicatrices

Reflexión sobre cicatrices de Clara Belén Gómez

26/6/16


Las orillas borran huellas, pero no las dejadas en el Alma, esas no se borran y las puedo esconder y maquillar o bien las puedo lucir porque soy quien soy ahora gracias a ellas. La dureza de esas huellas que me templaron, sacaron unas veces lo peor, otras veces lo mejor.

Me dividieron, como el mar divide la tierra en islas no habitadas salvo por recuerdos. Tuve mucha suerte, muchísima, porque me enseñaron con vivencias y no con palabras y el odio no caló en las entonces agrietadas paredes del dolor. Las marcas en el alma a veces me llevan al pasado y otras veces se proyectan en el futuro con algún temor.

Yo sé que estas cicatrices ya no desaparecerán, y lo sé porque son auténticas, aún se abren a veces. Mejor no esconderlas, mejor lucirlas con orgullo, leí una vez, y es cierto.

Sobreviví y ellas son la prueba. La sabiduría de la vida, que te tira a la piscina de la experiencia porque sabe que nadarás, luego aprendes a no tener miedo de volar las olas y comienzas a cicatrizar las heridas visitando cada isla que no querías volver a ver. Ellas escriben una historia, pero es mi alma quien las vive y mi dichosa mente quien las sufre y decide como las vive, ahí hay que ser fuerte, tener voluntad y salir.

La fortaleza no va a llegar si no vivo mi destino, me dije, y me levanté de nuevo.

Ellas enseñan que todo es como tiene que ser y a mirar de frente a los ojos porque puede que las personas cínicas que se ríen no sepan de huellas, ni de orillas, ni de islas, ni de ellas mismas.

Texto: Clara Belén Gómez